Fragmento de las impresiones del cooperante Pedro Pablo Nuevo desde Maghama.
La gran parada de nuestro viaje. El gran slalom.
Aunque sea un barrio como cualquier otro de esta ciudad, para mi se ha hecho el más grande. El que mayor cantidad de trabajo me ha requerido. Pero posiblemente lo que realmente expande su tamaño se deba a tratarse del lugar que más tiempo he transitado, ya que sus tortuosas calles continuamente invitan a nuestra lenta, pero segura, circulación en zigzag.
Zig…
En África, la tradición obliga, todos los deshechos que produce el ser humano acaban directamente en el suelo. En ello, hay países donde, a fuerza de educación, sensibilización y acceso de la ciudadanía a los medios materiales para ello, el caso se ha ido paulatinamente desagravando.
Obviamente, si nos trasladamos a un pasado no muy lejano nos encontraremos con una basura exclusivamente orgánica y, debido a ello, se la terminaba por “tragar” la tierra. Para el habitante medio de estas latitudes, por generalización poco culto, los residuos desaparecían sin provocar males mayores. La falta de conocimientos no permite relacionar las enfermedades con tal acto o, de manera más amplia, con la ausencia general de higiene. Si avanzamos en el Tiempo y nos acercamos al presente podremos ver que, como ha pasado en el resto del mundo, pero aquí de manera más lenta, a los residuos orgánicos se han ido sumando los inorgánicos; los cuales, a nuestra querida Tierra, le cuesta un poco digerirlos.
Zag.
Maghama no es precisamente la excepción que confirma la regla; aquí, debido a su carácter especialmente pobre dentro de la ya de por si pobreza de Mauritania, y a su situación geográfica -y a la ausencia de vías transitables de comunicación- hacen de este enclave un lugar realmente apartado de la “civilización”.
Zig…
En esta ciudad la basura se acumula a cada paso, mezclándose restos de alimentos, con plásticos; pedazos de ropa, con animales muertos; niños jugando, con excrementos. Capas y capas de residuos acumuladas en estratos que van marcando los diferentes años de las edades de Maghama. Y poco a poco, peligrosamente, con la dedicación de las hormigas escarbando sus túneles, la insalubridad va acercándose a las aguas subterráneas que bebe la población.
La línea limítrofe da Maghama la marca la división entre el lugar donde la naturaleza crece, contra las supuestamente adversas condiciones climatológicas, y el manto de arena y basura, privado de humus, privado de vida.
Zag.
Existen lugares de transito, dentro del municipio, donde corretean los niños, que me recuerdan a un vertedero de esos en los cuales, a las afueras de las metrópolis superpobladas, se ven a los más pobres recoger los restos de los adinerados.
Aquí, por “suerte”, el nivel de pobreza es denominador común, por lo tanto no hay ricos que generen pobres; por lo tanto a pesar de la pobreza, la falta de desigualdades no permite ver miseria; por lo tanto nuestros ojos de buen blanco, azotados por millones de imágenes de las grandes desgracias que asolan a la humanidad, como no ven a cientos de niños escarbando en la basura para buscar comida y tan solo contemplan a unos pocos jugando entre los restos, nos parece hasta casi normal; pero ello no deja de ser tan peligroso como lo otro. Aunque Hume no estaba del todo equivocado cuando afirmaba aquello de “uno puede preferir la destrucción del mundo a sufrir un rasguño en el dedo”, bien es cierto que frente a determinadas situaciones que afectan a muchísimas personas -concretamente si son niños- y de manera especial si son desagradables (como tan bien sabemos dibujarlas así, cuando queremos, quienes nos dedicamos a la imagen) se consiguen grandes movilizaciones puntuales de ayuda desde el primer mundo. Y no nos damos cuenta que unas decenas aquí más otras de allá, unidas a los montones de tantos lugares acaban por sumar esos millares que nos sensibilizan. Muchas veces una actuación a tiempo nos evitaría querer arreglar lo que ya no tiene solución. El cúmulo de años en un amplio grupo de gente malnutrida -y no una falta absoluta de alimentos- provocará que una simple desgracia natural, cuyo efecto directo es sólo una temporada de malas cosechas, mate a esos cientos de miles de personas que tanto nos impacta ver en los medios. Y, a su vez, hará que rápidamente apadrinemos a esos niños cuando ya han perdido a sus padres.
Zig…
Dentistas Sobre Ruedas, ONG dedicada, en un principio, al segmento bucodental, seguido de toda la rama sanitaria, pero con miras de futuro a diferentes aspectos que conformarían el desarrollo completo de la ciudad de Maghama, se cruzó en su ruta con la asociación Akaba, más sensibilizada (sus miembros nada tienen que ver con la profesión médica) con el saneamiento del lugar y la producción de alimentos. En el momento que ambas organizaciones decidieron aunar esfuerzos y trabajar conjuntamente, Akaba se movilizó para conseguir las donaciones necesarias (tanto en material como económicas) que permitirían llevar a cabo su proyecto. Por ahora nos vamos a centrar en el tema de la basura, pues es el barrio que estamos visitando; más adelante, cuando lleguemos al del cultivo, podremos ver como ésta se ha lanzado a ambos frentes con la misma dedicación.
zag.
En la primera unión de Akaba al convoi de DSR (Noviembre del 2009), lo hizo aportando, además del contingente humano, una serie de material compuesto por: una Bobcat (pequeño vehículo con pala excavadora); un camión elevador para la recogida de basura, dotado de una grúa; sacos -de los de runas de construcción-, los cuales se utilizarían a modo de contenedores; algunos containers pequeños; así como palas, rastrillos, carretillas…. además de material vario para satisfacer todas las necesidades de dicha actividad.
Zig…
El proyecto constaba “sencillamente” de, durante los trece días de la expedición, recoger y aislar la mayor cantidad de basura posible. Posteriormente todo el material de trabajo se le entregaría a la alcaldía para que en nuestra ausencia se continuase la limpieza.
zag.
Realmente ni en nuestros peores augurios pudimos imaginar la cantidad de residuos que nos llegamos a encontrar. El material se hizo escaso, el equipo de personas realmente insuficiente; la situación, en un principio, se desbordó por los cuatro costados. Había tal cantidad de basura que debería trabajar por lo menos toda la toda la población para ser mínimamente efectivos.
Zig…
La rama dentista de la ONG llevaba durante tres años ofreciendo servicio bucodental y protésico gratuito a toda la población; o por lo menos a la cantidad de personas que se podía atender -manteniendo un ritmo realmente vertiginoso- durante la estancia de cada viaje. A partir de ese momento se decidió imponer el trueque; a saber: seguiríamos ofreciendo la misma asistencia a los niños y personas mayores; pero, todos los demás que la quisiesen deberían trabajar, para ellos mismos, para su ciudad, ayudándonos a limpiarla de la abrumadora cantidad de residuos. Se había creado la figura del voluntario local.
zag.
La respuesta fue contundente, como si de una fiesta local se tratase, en las zonas donde estábamos limpiando se agolpaban las personas. Si llegábamos a una plaza, ésta se inundaba de ciudadanos que, codo con codo, como jamás había sucedido en la, villa trabajaban juntas: los niños se lo tomaban como un juego; las chicas adolescentes aprovechaban para pasear sus mejores ropas; las mujeres, entre palada y palada, comentaban las novedades del día, y también ayudaban señoras mayores a las cuales sus viejos huesos les recordaban mejores épocas. Hombres, aunque la sociedad aquí está muy dividida, él es quien trabaja fuera de casa, por lo tanto, muchos de ellos, estaban ocupados en su actividad; ciertamente, todas las labores del hogar (incluida la limpieza) recaen inamoviblemente en la mujer, lo cual para tantos de ellos implicaba que, aun tratándose de su ciudad, éste era un trabajo para ellas. A pesar de todo, de los muchos hombres que carecen de trabajo en esta población, a bastantes se les vio agachándose para recoger residuos.
Al finalizar la expedición se podía contar en varias decenas las toneladas de deshechos. Todos ellas quedaron aisladas en un vertedero creado, de manera provisional, para tal efecto; el futuro plan B será darle un uso a través del reciclaje, especialmente al plástico.
Zig..
Para el siguiente viaje el plan de actuación que consistía en, siguiendo el mismo aplicado anteriormente, a parte de traer muchos más sacos, algunos de los cuales se quedarían fijos repartidos por Maghama a modo de containers, empezar un progresivo proyecto de educación y sensibilización. No sólo basta con limpiar las calles, hay que procurar no ensuciarlas. Se les debe enseñar a no hacerlo.
Cualquiera que se asombre ante esto, habrá de rebuscar poco en su memoria para recordar la no tan lejana campaña publicitaria que se realizó en toda España para que no tirásemos la basura al suelo. De hecho, todavía hay muchos productos que en su embalaje llevan el inconfundible logo de una persona lanzando un objeto a la papelera.
Zag.
En la siguiente “bajada”, tan solo nueve meses después, descubrimos que realmente nos había faltado la ya comentada sensibilización. Plazas que al irnos estaban totalmente limpias volvían a presentar un aspecto desolador: calles, rincones, casas; la normalidad se había instalado de nuevo en la ciudad. Maghama volvía a ser un vertedero en sí misma. Así que, de nuevo, recogimos toneladas de basura. Aunque esta vez, poco a poco, intentamos convencer a las gentes de esta villa de la importancia de mantener las calles limpias. A su vez, dejamos varios sacos repartidos por la ciudad y se creó un equipo estable, contratado por la alcaldía, de recogida de basura.
Mientras voy redactando la 3ª entrega de mi particular informe sobre la situación de la pubel (basura en pular), en el que pretendo describir todos los zigzags que he ido tomando , tanto frente a la situación como frente a mi mismo; mis continuos altibajos derivados de los -ya clásicos en este blog- enfrentamientos: conmigo, con el medio, … Mientras, repito, estoy en ello, me doy cuenta -una vez más volviendo sobre mis propios pasos- de la inmensidad de lo que pretendo abarcar. Y eso que tan solo estoy realizando -pretendiendo llevar a cabo, para ser más precisos- una adecuación dentro de uno de los barrios que conforman la ciudad que, a su vez, es el gran proyecto de DSR. Aunque realmente no se trata sólo de ello. Pero como no sé si quedará plenamente explicado, aunque sí perfectamente detallado, en la comentada entrada, vamos a hacer un poco de trayecto por esta zona de pista desértica.
Como es el lugar en el que más en contacto estoy con las gentes de por aquí, y en el que más dependo de las actuaciones de éstas; donde, al fin y al cabo, lo que pretendo es modificar los hábitos y las costumbres milenarias de una población…. Vamos, que pretendo cambiar a estas personas. Vaya. ¡Que grande me sienta este traje! A mí, que siempre me he jactado de ser un defensor a ultranza del libre albedrío, que siempre he pensado que cada uno está en su legítimo derecho de equivocarse tantas veces como pueda; ya rectificarás, ya saldrás algún día del fango y, para entonces, lo harás fortalecido por la experiencia. Desde mi punto de vista creo, sinceramente, que el único error que puede cometer una persona es que, al acabar cualquier tipo de viaje, no haya aprendido nada. Que no sea más que un turista a través de los años, en lugar de convertirse en un viajero por la vida.
Así que aquí estoy yo.
Alguien que, obviamente, ha venido a aprender, pero que en este juego de intercambios, en este dar y recibir, han habido muchos momentos en que me he tenido que parar a pensar que en lugar de entregar, estaba imponiendo; otras veces me detenía el hecho de ver que en lugar de ofrecer nuevas soluciones exigía mi manera (mía o la tantas veces absurda, nuestra, del primer mundo) de aplicarla (hace ya mucho tiempo que aprendí que en esta vida todo se trata de meras percepciones, y lo que hoy ves como correcto mañana te darás cuenta que era un absoluto fracaso); y las más de las veces me veía que en lugar de mostrar que, quizás, haya un camino que, posiblemente, sea mejor, cerraba todas las carreteras y cual perro lazarillo les obligaba a ir por la calle de mi elección. Por lo tanto, zigzag, continuamente he tenido que ir probando (me) nuevos caminos, nuevas maneras que, a priori, jamás utilizaría pero que, finalmente, me descubren que, zigzag, voy adelantando. Con ello, poco a poco, aprendo diferentes maneras de avanzar y, todavía más despacio, creo que estoy consiguiendo que las personas de esta villa aprendan, a su vez, la importancia del saneamiento.
Y si cuando me vuelvo tan solo he conseguido que la ciudad esté un 10% más limpia pero, a cambio, tengo a un 25% de la población plenamente sensibilizada con el problema que presenta una descuidada higiene, creo que Barcelona me verá regresar feliz. La bola de nieve ya habrá empezado a rodar y, tarde más o tarde menos, el alud algún día caerá, por su propio peso, sobre Maghama.
Recuerdo claramente los primeros días de quedarme solo, a mi regreso, el 15 de Diciembre ,de un viaje relámpago de una semana a Barcelona, y tras la marcha, después de cinco días, de aquel que también se quedaba, en principio, una larga estancia aquí.
Durante esos días -soñador que es uno- y con varios meses por delante, veía claramente que antes de la llegada del próximo convoy, Maghama quedaba limpia. Para acercarme a ello los zigzags han sido continuos, las frustraciones caían en efecto dominó, unas tras otras; cada nuevo giro, es decir, cada nuevo miniproyecto, que se desvanecía por nimios problemas, tenía que volver a arrancar desde cero; tras descubrir una nueva manera de sortear un bache, aparecía una subida; cada subida se convertía en cuesta; cada cuesta en montaña; y la montaña en cordillera. Cada pequeño sueño acababa siendo un sueño perdido.
Hasta que me he dado cuenta de que mi error precisamente lo escribí en el primer texto de este espacio, al decir que me veía “intentando cambiar el sentido del movimiento de una inmensa masa de gente”; cuando de lo que realmente se trata es de inmiscuirte entre esa masa e ir mostrándole el camino correcto, permitiendo que ésta tome sus propias decisiones y, si se equivoca (ya hemos dicho que soy el primero en reconocer el lado positivo del aprendizaje tras los errores), por lo menos sabes que les has mostrado el que, desde tu conocimiento, crees que es es el adecuado. Y, por lo tanto, solo te cabe pensar que, quién sabe, algún día, acabarán llegando, pisando una u otra senda, al destino que les mostraste.
Al final la conclusión ha sido clara, zigzagueando en los recovecos, pero principalmente fluyendo con todos los condicionantes, se ha optado por ir convenciendo, tras muchas reuniones, a diferentes familias para que se responsabilizasen de un saco; unas veces el alcalde, otras yo; unas veces haciéndoles entender la cuestión higiénica, otras porque no es “jolie” (en francés, bonito); unas veces pedían el saco ya que tenían una acumulación insostenible de basura en la casa, otras lo solicitaban porque veían que la vecina que lo tenía limpiaba más rápido; y tantas por la simple envidia, aunque muchas sencillamente porque así venía un camión a recogerles la basura. El trato siempre a sido el mismo: quien se queda el saco es responsable de su cuidado, así como de no darle otros usos, de la misma manera de que no “desaparezca”; a parte, la familia en cuestión se compromete a que las calles adyacentes estén limpias, ya sea haciéndolo ésta o hablando con los vecinos para que lo hagan entre todos. Así que, después de muchísimo hablar (como siempre me dice Ifra: la manera africana de hacer las cosas), aunque no siempre con el mismo éxito; después de repartir infinidad sacos, hay calles permanentemente limpias y otras que, aun con container, parece que hayan sufrido una guerra. Mientras tanto el servicio de recogida va cambiando sacos llenos por otros vacíos y el tubab en solitario les continua limpiando las calles.
A pesar de que todavía queda mucho camino por recorrer y que las grandes plazas requieren de un tratamiento distinto y aún por definir; a pesar de que Maghama está muy sucia; a pesar de todo ello, poco a poco y sin modificar a nadie, estas gentes, ya casi un poco mis gentes pues me siento en parte de esta villa, se van sensibilizando y aceptando la importancia de una Maghama sin pubel.
Ella está en el horizonte.
Me acerco dos pasos,
ella se aleja dos pasos.
Camino diez pasos
y el horizonte se corre
diez pasos más allá.
Por mucho que yo camine
nunca la alcanzaré.
¿Para qué sirve la utopía?
Para eso sirve:
para caminar.
Eduardo Galeano