Pocas veces en el hemisferio Norte utilizamos rodeos para llegar a donde queremos, por norma general solemos escoger el camino más directo. Cualquier gran negociador te dirá que nunca muestres tus cartas hasta el final de la partida, que utilices faroles siempre que puedas y que permitas que poco a poco, en las pequeñas escaramuzas, tu contrario se vaya acomodando en la seguridad de insignificantes triunfos; eso si, sin perder nunca de vista cuál es la batalla que tú pretendes ganar. Bien es cierto que no todos somos tan hábiles en el arte de la negociación ni nuestras prisas -esa sensación tan occidental de que el mundo se acaba en el próximo minuto- nos liberan para disfrutar de la sabiduría de una contienda dialéctica: placer que quienes lo dominan, no solo acaban por conseguir llevar a su puerto cualquier barco, si no que además hacen de ello todo un arte de la sofisticación para, llegado el momento y mediante una única y certera “estocada”, atrapar al contrincante en una más que absoluta derrota. Aunque éste, tantas veces, y satisfecho por la cantidad de piezas capturadas, no se dé cuenta de que acaba de perder el Rey….
Cuando hay mucha arena avanza en zig-zag
/ 18-02-2010
